Aceite de Almendras: propiedades, beneficios y cómo lo uso en mi rutina
Qué es
El aceite de almendras se extrae de la semilla del almendro dulce (Prunus dulcis) prensándola en frío: se le aplica presión mecánica, sin calor, hasta que suelta el aceite. Es un aceite amarillo pálido, de aroma casi imperceptible y textura ligera, fácil de combinar con cualquier otro ingrediente.
Es de los aceites portadores que más uso en LilaLavanda: combina bien con casi cualquier tipo de piel y no compite con el aroma de otros ingredientes que le mezcles.
Propiedades
El aceite de almendras es rico en ácido oleico (entre 60 y 70% de su composición), la misma grasa que domina en el aceite de oliva y que ayuda a que el aceite se absorba bien en la piel. Tiene también hasta 20% de ácido linoleico, un omega-6 que tu piel necesita para mantener fuerte su barrera protectora. A eso se suma la vitamina E, un antioxidante que ayuda a proteger tu piel del desgaste diario.
El ácido linoleico es parte de las ceramidas de tu piel: las que arman su barrera protectora y evitan que pierda agua.
Tiene un nivel comedogénico bajo (2 de una escala de 0 a 5), así que no debería tapar tus poros aunque tu piel sea propensa a brotes, pero tampoco es el aceite más ligero que existe. Se absorbe a un ritmo medio: se siente un poco graso al aplicarlo, distinto a otros portadores más secos como el de jojoba.
Beneficios
La composición del aceite de almendras hace que forme una capa que ayuda a retener el agua en tu piel, sin sofocarla del todo. Es útil si tienes piel seca y necesitas hidratación que dure, sin sentirte pesada todo el día, sobre todo en zonas que se resecan más rápido como manos, codos y talones. El ácido linoleico, además, ayuda a que tu piel se mantenga fuerte y menos sensible, y se reseque menos entre una aplicación y otra.
Su aroma casi imperceptible lo hace fácil de aplicar en zonas donde no quieres agregar más fragancia, como el contorno de ojos o la piel de un bebé. Y como portador de aromaterapia, deja que el aceite esencial que le agregues sea el protagonista del olor, no el aceite base.
Usos prácticos
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Rutina diaria. Uso mi aceite de almendras recién salida del baño, con la piel todavía húmeda, para sellar la hidratación. También me pongo un par de gotas en el rostro antes de dormir, en las noches que siento la piel más reseca de lo normal.

Mi truco: lo mezclo en la palma de la mano junto con mi crema corporal antes de aplicarlo. Los dos se absorben juntos, sigo hidratando con el aceite pero la piel no me queda grasosa.
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Masaje corporal. Funciona solo o mezclado con un portador más ligero si buscas menos sensación grasosa. Si prefieres variar entre texturas, tengo un Kit de Aceites para Masaje con almendra, sésamo y coco fraccionado, pensado justo para eso.

- Piel de bebés y niños. Unas gotas después del cambio de pañal ayudan a mantener la piel protegida, siempre en zonas sin irritación activa.
- Cabello y pestañas. Unas gotas en las puntas resecas del cabello ayudan a domar el frizz sin apelmazar. También lo uso como acondicionador ligero para pestañas y cejas antes de dormir.
- Después del sol. Una capa ligera en la noche, después de un día de playa o alberca, ayuda a que la piel no se sienta tan tirante.
- Portador de aromaterapia. Como casi no tiene aroma propio, no le quita protagonismo al aceite esencial que le mezcles.
Por cierto: el mío es una versión refinada, sin químicos, solo filtración. Por eso es tan neutro en aroma y color, y por eso lo elegí: es más estable y no le cambia el olor a tus mezclas de aromaterapia.
Origen

El almendro es originario de Asia Central, de zonas que hoy son Irán, Turquía y el Cáucaso, donde se domesticó hace más de cuatro mil años. De ahí viajó al Mediterráneo por las rutas comerciales antiguas y se volvió parte de la cocina y la medicina tradicional de la región. Los españoles lo llevaron a América en la época colonial, y hoy California concentra buena parte de la producción mundial porque su clima se parece bastante al mediterráneo. México importa la mayoría del aceite de almendras que se usa en cosmética, incluido el mío.
Cuatro mil años después de que alguien en el Cáucaso decidiera que esa semilla amarga valía la pena domesticarla, sigue siendo uno de los aceites más usados en cosmética. Y el que yo elegí para acompañar tu piel todos los días.
